Vanessa recogió la bolsa de mano que había puesto sobre su asiento, y buscó la dirección que había apuntado de Roberto en el ticket del bikini nuevo que se había comprado sólo para él. Metió las dos revsitas que había venido leyendo en el camino, y bajó del autobús.
Pidió un taxi.
-Necesito ir a los departamentos de Mar y Tierra, le dijo al taxista.
Y se sentó detrás, pensando en la ilusión que le haría a Roberto, la sorpresa de que ella llegara a visitarlo. Todavía no conocía su departamento de la playa, pero estaba segura que le parecería fabuloso, por eso había metido en la maleta lo mejor: los más lindos vestidos de playa, los mejores zapatos y los mejores bikinis, hasta había pedido prestado unas camisetas de la tienda en la que era dependienta y que regresaría el lunes.
Llegó al lugar indicado, unas grandes paredes de mole blanca cubrían la entrada, haciendo la forma de olas, y dos policías con uniforme blanco custodiaban la entrada.
-Buenos días, soy invitada del Sr. Uroz, mi nombre es Vanessa García
El hombre buscó en la carpeta que tenía, sin dar ninguna respuesta.
-No señorita, su nombre no se encuentra en las listas.
-Es que he venido de sorpresa, Roberto no sabe que estoy aqui.
El policía la miró con sospecha, pero le dió el pasó y le mostró el camino hasta el departamento, luego se marchó.
Vanessa tocó el timbre, y no hubo respuesta alguna, lo intentó otra ves, y no sintió que nadie respondiera, entonces se decidió a entrar, la puerta no tenía seguro y estaba medio abierta, por lo que pasó.
Vió a Roberto con sus ojos miel, y su cuerpo ya bronceados de varios días, salia mojado de un cuarto a la derecha y traía puesto su albornoz de toalla, pero notó algo extraño en su mirada.
-¿Qué haces aqui?, le dijo con una voz de angustia y preocupación.
-He llegado por sopresa, he venido a verte, no pareces muy ilusionado. Dame un beso que he viajado cinco horas en autobús sólo para verte, le contestaba Vanessa mientras dejaba sus maletas en el suelo.
-Tienes que irte Vanessa, estoy muy ocupado y.... creo que no es el momento de que estés aquí.
-Pero no me salgas con tonterías, venga ayudame a mover las maletas que pesan demasiado y no quiero....
-¿Qué pasa Roberto?, era una voz muy fuerte, muy madura, de una mujer, ¿quién ha entrado a la casa?, salió María, totalmente desnuda, con un cuerpo escultural, ojos verdes, pechos grandes, y perfectas caderas, tenía un bronceado también de varios días.
-¿Buscabas a mi esposo?, le dijo María a Vanessa.
Y en ese momento comprendió todo, las salidas hasta temprano, los restaurantes lejos del centro, los fines de semanas, los viajes de Roberto.
Vanessa recogió sus cosas y se marchó sintiéndose tan decepcionada, tan avergonzada, había sido la otra sin darse cuenta, sin tenerlo en mente, habían jugado con ella, habían engañado a alguein más por su culpa.
Se sintió culpable, y sucia, ella que tanto creía en la fidelidad de Roberto, había terminado solo siendo un juego.
Buscó un taxi en la calle, y en su mente solo sintió el deseo de volver a casa.